martes, 30 de diciembre de 2025

 

EL AMOR DE MADRE Y PADRE...ES ÚNICO
Visitando el Camposanto de Macracruz
José Santos Gamarra Soto


Siempre que voy a Marca, Recuay, Ancash visito a mi hermano Ciro en el Cementerio de Barranca, y a mis padres en el Cementerio de Macracruz de Marca, esta vez la visita fue junto a mis hijos José Miguel y Renzo Paolo. Este recuerdo va para aquellos que tienen el privilegio de tener vivo a sus padres a pesar de los años idos a quienes deben amar hasta el último momento de su vida, es el recuerdo de un hijo que perdió a su madre y padre hace muchos años, madre(1965), padre(1993) y hermano(2010), ha transcurrido muchos años desde la partida de mis familiares y un hijo jamás olvida el amor de madre, incomparable ante cualquier amor, es nostalgia y recuerdo para aquellos que hemos tenido la desdicha de perderlos prematuramente.
Corría el año de 1965, la tarde del sábado 10 de octubre de aquel año, cuando recibí la noticia más ingrata y trágica de mi vida, ¡la muerte de mi madre!. Cuatro de la tarde de aquel sábado del mes de octubre, me encontraba jugando fútbol en el estadio del barrio de Belén de Huaraz como así se llamaba en ése entonces. En Huaraz existían 4 barrios por aquellos tiempos barrio de: Belén, Nicrupampa, San Francisco y la Soledad, el Centenario por esos años iba en crecimiento poblacional y de viviendas, mientras que Independencia no existía. Era costumbre que los sábados como estudiante del colegio La Libertad de Huaraz jugara fútbol en las tardes de dicho estadio. Aquella tarde llegó mi amigo Agustín, natural de Pampas Chico, jadeante y sudoroso-me había estado buscando por todo Huaraz-con su bicicleta Monark verde que unos días antes le había comprado sus padres.
Agustín me llamaba con desesperación desde la línea lateral del campo, apenas lo vi, salí del campo y me dirigí hacia él, al acercarme me dijo:
- "Joshe" mi tía Julia te necesita ¡Urgente! – “Tía Julia” era la pensionista en Huaraz que atendía a 18 estudiantes de diferentes provincias y distritos de Ancash, entre ellos yo.
- ¿Para qué? – le inquirí con cierta molestia, el partido que jugaba estaba en su mejor momento.
- Tienes que viajar urgente a tu pueblo – me replicó Agustín…. ¿?
Salí del campo no con mucho agrado, me subí a la bicicleta de Agustín y nos fuimos a la Av. Tarapacá N° 205 en el barrio de Nicrupampa, lugar donde vivía y quedaba la pensión; al llegar escuché a mi tía Julia decir:
- “Será con parto…”
Ella, se encontraba en la cocina acompañada de dos pensionistas más y su ayudante de cocina “Patu”, su nombre era Patricia, natural del caserío de Esperanza, del distrito de Anta, provincia de Carhuaz. Al llegar pregunté a mi tía Julia cuál era el motivo de mi búsqueda, quien me dijo:
- “Joshe”-como me llamaban-tienes que viajar urgente a Marca.
- ¿Para qué tía? – le dije, no estaba dentro de mis planes un viaje a Marca sino hasta diciembre después de culminar el año escolar.
- ¡Ha muerto tu Mamá! – Me dijo a boca de jarro.
No sabía si gritar, llorar o pedir alguna explicación a alguien, todos me miraron con infinita tristeza y compasión, yo corrí a mi cuarto para preparar mi maletín, en el cual no tenía mucho que llevar, una camisa un pantalón y una chompa, era una chompa de color rojo y amarillo con cierre delantero que el año anterior lo había comprado junto a mi madre en el mercado de Huaraz, el cual dudé en llevar, me pregunté: ¿No visten de negro en estos casos?, no importa, tenía que llevar aquella chompa, además no tenía otra. Las lágrimas comenzaron a deslizarse por mis mejillas, mi tía Julia entró a mi cuarto y me dijo que me embarcaría con el camión de correos de Huaraz hacia Lima que viaja en las noches y a diario hacia la Capital.
Cuando los relojes marcaban las 7 pm., aquel mismo día subí al camión de correos con destino a Lima, yo me bajaría en Chucchu, kilómetro 72 de la carretera Pativilca-Huaraz, lugar donde yo tendría que pasar la voz al chofer del camión, cosa que así lo hice, siendo las 3 de la madrugada me bajé en Chucchu repartición hacia Marca, donde vivía el Sr. Allauca con su familia, a quien a esas horas de la madrugada llamé:
- Don Allauca…don Allaucaaaaa - grité con insistencia.
- ¿Quién interrumpe mis sueños a estas horas de la noche? - respondió
- Soy el hijo de doña Ellpicha….Es cierto que mi mamá a muerto en Marca? – Pregunté.
- Ahhh sí….ayer a muerto – me contestó, ahora si estaba seguro de su muerte.
- ¿Puedo quedarme sentado en su puerta hasta que amanezca? – pregunté nuevamente.
- Claro…puedes quedarte hasta que amanezca – respondió, luego ni una palabra más.
Me senté delante de la choza donde había unos troncos de molle y eucaliptos, como hasta la actualidad, a esperar que amanezca, ya tenía como diez minutos sentado, la oscuridad era total, tenía miedo – contaba con 13 años de edad – tenía sentimientos encontrados, caminar o quedarme sentado allí hasta que amanezca por espacio de tres horas, carros hacia Marca desde aquel repartición no habría hasta dentro de tres días. Los camiones por la carretera Pativilca-Huaraz a esas horas de la noche pasaban de subida y bajada cada cierto tiempo con mucha lentitud por ser carretera afirmada y no asfaltada como en la actualidad, iluminaba el lugar con sus faros de luces. Entonces tomé la decisión de caminar, no importa la hora ni la oscuridad, mis ansias por ver a mi madre y la abundancia de "Titiras" que me chupaban la sangre, hizo que tomara la decisión de caminar a esas horas de la madrugada. Comencé a caminar por el centro de la carretera, estaba muy oscuro, se veía a solo dos o tres metros de distancia; los corralillos y las víboras me habían dicho que en la oscuridad de la noche se podían ver, sin embargo era imposible ver nada.
-"Ruego a los lectores su comprensión al no extenderme más en ésta parte de la historia, porque en mi libro: “Historia de Ivo” se pormenoriza en su totalidad la muerte de mi madre, muy triste para mí; motivo por el cual no me extiendo más en ésta parte"
Al llegar a Marca a las 07.00 horas a la casa de mis padres en la calle Amargura, me abalancé con desesperación ante el ataúd de mi madre que yacía en el cajón mortuorio en el centro de la casa, no encontré más que el hielo de la muerte, la llamé por su nombre con desesperación y suprema angustia, solo el silencio de la muerte me decía que ya no me respondería, ese dulcísimo corazón de bondad y sacrificio, enfermo de amor por su hijo ausente había apagado sus latidos para siempre, y había nacido para mí la soledad que me rodearía en la infinita soledad de mi vida hacia el futuro, sin esa ternura romántica y amorosa que a través de la distancia fortalecía mi espíritu había partido, pensé sin mi madre la frágil nave de mi existencia zozobraría en la tempestad de la vida. ¡Oh madre mía!, ¡oh soledad!, ¡oh soledad del corazón!, ¡oh amor infinito!, a quien la muerte le ha arrancado brutalmente el tesoro más preciado de su vida, el amor y la existencia de una madre, ¿Por qué me has abandonado?, ¿tú que tanto me querías?, sin tu amor mi existencia será una interminable y cruel agonía-me dije-y lloré junto al féretro de mi madre muerta. Ya no me escucharía mis lamentos, ya nada pudo llenar el vacío que dejó en su viaje al infinito; ya no pude tomar sus manos puras y blancas, ahora estaba lejos, definitivamente lejos, en ese más allá misterioso e inescrutable.
Al día siguiente camino al cementerio de Macracruz marché junto a ella, en su último viaje con el alma desfallecida, queriendo pedir explicación a Dios, a la vida, al campo, al camino, todo fue inútil, negruras en el espacio y sombras en mi interior, seguí mi peregrinación hasta el camposanto y en su última morada solitaria prendí una vela y vertí mis últimas lágrimas puras y ardientes que pudieron brotar de mis ojos, símbolo de mi dolor y mi recuerdo a mi madre querida.
Ahora madre mía al cumplir sesenta años(10.10.25) de tu partida, escucha mi fervorosa plegaria, hecha de amor y de dolor con la elocuencia de mi profunda tristeza por tu temprana partida, ahora estarás en el cielo junto a Papá Brindis y mi hermano Ciro, quienes te harán compañía como antaño en Cochacar cuando vivíamos juntos los cuatro. Madrecita mía, madre buena, madre bondadosa, madre ejemplar, por todo lo que me quisiste y sufriste por mí, hoy te rindo homenaje en tu día con todo mi amor y cariño y solo te digo… ¡Hasta Pronto!

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