FELIZ CUMPLEAÑOS HERMANO...
29 DE JUNIO CUMPLEAÑOS DE CIRO GAMARRA SOTO
NATURAL DE MARCA-RECUAY-ANCASH
Hoy elevo mi plegaria en oración por el cumpleaños de mi Hermano Ciro en el cielo. Con quien compartí desde niño penas y alegrías, llantos y sonrisas, por ello siempre te llevo en mi corazón hermano.
Ciro, como hermano mayor iniciaba delante de mí la caminata por las chacras de Cochacar y lugares vecinos, o en todo caso elegía el camino, el trayecto y lugares que recorríamos entre cantos y silbidos; en el camino me contaba algunos cuentos y leyendas que escuchó a sus mayores, que muchas veces me aterrorizó dada mi edad.
A mi temprana edad poco a poco comencé a conocer todos los caminos de Cochacar y alrededores, ya contaba con siete años de edad, podía caminar solo, sin compañía, un día me fui a la chacra de doña Shaui en Higos, era el nombre de cariño de doña Isabel Cubillas quien ya era una señora de avanzada edad que vivía en Marca acompañada de su empleada llamada Marcelina; la señora Isabel Cubillas tuvo como hijo a Artemio Sáenz Cubillas quien a su vez fue padre de mi amigo Vidal Sáenz Flores y María Esther Sáenz Flores; la chacra de doña Shaui era vecina con las pertenencias de Don Germán Cueva, Alberto Garro y Leonardo Cueva, mientras que hacia el norte quedaba la chacra de Don Dalmiro Padilla y Antonio Espinoza Méndez.
Doña Shaui era dueña de una inmensa chacra al sur de Cochacar, vecina con Pati y Cosma, mientras que al frente queda Jacahuás por donde caminábamos con mi hermano Ciro. En la chacra existía un inmenso Higal que llegaba hasta el río, en algunas oportunidades nos adentrábamos al interior de ella para coger y comer los frutos maduros. Por aquellos tiempos había tantos higos en aquel lugar que los alumbrantes o estandartes que reparten en Semana Santa los dulces de higo llevaban desde ese lugar para prepararlos. La chacra era muy grande cuyos linderos llegaban hasta la orilla del río, donde una inmensa piedra presidía a un “Bonle”, que así llamábamos a un pozo grande y hondo.
Durante los meses de invierno cuando el caudal de las aguas aumentaba cruzar de una rivera a otra, era cosa de valientes, por la bravura del río, además, era un lugar solitario y de misterio. El caudal del río en época invernal aumentaba a causa de las lluvias en las partes altas y por su cauce viajaban semovientes, árboles, animales y piedras, cuyo sonido en el silencio del campo me atemorizaba mucho pensando que en cualquier momento inundaría a mi Cochacar querido. Los agricultores que tenían necesidad de cruzar el río desde Cochacar a Jacahuàs ò viceversa, necesariamente tenían que cruzar por dicho lugar llamado por mí y mi hermano Ciro el “Bonle del Ichic Ollqo”, dado que el camino para seguir dicha ruta se tenía que seguir por aquel camino que orilla la chacra de doña Shaui, que nos servía para llegar a sus parajes sorteando pircas y muros que separan a otras propiedades. Cada vecino cuidaba muy bien sus chacras, eran como tableros de ajedrez, los propietarios y vecinos junto a mis padres acordaron ser los únicos en recorrer por esas propiedades.
Ciro, me contó que en dicho Bonle vivía Ichic Ollqo, hombrecillo calato de abundante cabellera rubia que le llega hasta los talones y que poseía una caja o bombo, que toca y toca en épocas de lluvia, en abundancia de lluvias y en determinado momento canta melodiosamente o llora como un niño perdido para hechizar a sus víctimas, llamando a los niños o a las jóvenes pastorcitas para llevárselas a las profundidades del Bonle donde existían lugares exóticos como las estalactitas y las estalagmitas que eran formaciones de rocas en las cuevas existentes junto al Bonle y no regresar nunca más, éste era su casa del Ichic Ollqo, adornados de oro y plata, las veces que al pasar el río yo veía el Bonle me parecía más grande y tenebroso, en las tardes, el miedo se apoderaba de mí que tenía que recoger a mis animales, pero felizmente éstos, solos iniciaban el camino de regreso y cosa curiosa, mis asnos en las noches se escapaban a Jacahuás a comer alfalfa y luego retornaban porque al día siguiente eran alquilados para servicios de carga.
Por aquellos tiempos, también escuché de mi hermano que en los meses de verano cuando arde el sol en todo el valle, Ichic Ollqo, luce su belleza sentado en el inmenso peñasco que antecede el Bonle, secando su rubia cabellera; muchas veces, toma las imágenes parecidas a los familiares ya fallecidos o algún ser querido y astutamente se acerca a los niños o pastorcitas para llevárselos consigo hasta desaparecerlos.
Tal era el cuento que me atemorizaba porque diariamente tenía que cruzar el Bonle para regresar con el ganado vacuno para los que mis padres habían arrendado los alfalfares. Para cruzar a mis siete u ocho años, tenía que vencer a mis temores y cumplir mi tarea cruzando el río para llegar a Jacahuás, cuyo nombre proviene de las voces quechua: jaca que significa cuy y wasi, casa. Cerca de Jacahuás se encuentra Antapi cuya toponimia en runa simi, significa lugar de espinas.
El Ichic Ollqo, el Bonle, el caudal del río en las épocas de invierno y el silencio de las noches cuando me quedaba solo en Cochacar, fortalecieron mi carácter y la soledad de las noches me ofrecieron sueños, esperanzas y caminos de éxitos.
¡Feliz cumpleaños hermano Ciro!
Autor: José Santos Gamarra Soto

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