martes, 30 de diciembre de 2025

 

*****HECHOS HISTÓRICOS DE MI TIERRA*****
ATILA
El amigo fiel del hombre
Cochacar querido al contemplarte desde la carretera una vez más hoy he acariciado, aunque de lejos tu hermosa campiña, he recordado mitigando mis penas al ver cada piedra, cada camino, cada acequia y sus afluentes por donde caminé en mi niñez junto a “Atila” compañero de mil aventuras, perro chusco con el que me identifiqué y pasaba mi niñez con travesuras sin igual, te recuerdo como mi amigo y compañero de aventuras que sostuvimos por aquellos intrincados lugares que hoy contemplo embelesado solo desde la carretera, es que, este lugar es un ensueño pincelado en el espacio infinito del tiempo, es para el que ha crecido en esta tierra lugar de dos almas que viven en una sola, algo que hay que proteger desde lo más íntimo para estelarizar después en el tiempo, separarse de ella es sencillamente imposible, siempre te recuerdo con infinita ternura.
En la ciudad de Marca-Recuay-Ancash, existe un perro mestizo, mezcla de muchas razas al que se le llama “Perro Chusco” el cual tiene cualidades que lo hacen único original e irrepetible, estos animalitos son el resultado del cruce de muchas razas que lo hace ser de raza única, son extremadamente amables y muy amistosos, con una enorme capacidad de dar afecto y rebosan cariño a raudales a sus dueños. Si se les ha encontrado en la calle o en el campo y son adoptados mejor aún, sus sentimientos se multiplican por el anhelo de ser queridos y por agradecimiento. Suelen ser muy inteligentes y fácilmente adiestrables gracias a las mezclas de las que provienen, disfrutan de graciosas peculiaridades que hacen de cada animal un ejemplar único y exclusivo. Presentan una admirable resistencia física natural, el cual se debe a la suma o mezcla de las fortalezas de todas las razas, resistentes a las enfermedades y gozan de una gran longevidad, algunos llegan a vivir hasta 20 años, a menudo son más tranquilos y equilibrados que sus nobles parientes de pura raza.
Corría el año 1959 mi vida lo pasaba de maravilla entre la ciudad y el campo, cuando se trataba del campo mi lugar preferido era Cochacar, -acompañan algunas fotografías del lugar que describo en esta nota- lugar maravilloso que es una campiña ubicada al sur de Marca. A mis escasos siete años de edad tuve la suerte de tener como compañero, amigo y guardián a “Atila”, perro chusco y lanudo de mis padres de escasos cincuenta o sesenta centímetros de altura, de color negro y blanco, tenía los dientes muy afilados que enseñaba en forma no muy amistosa al que se me acercaba con no buenas intenciones, me hacía los mandados a la perfección, al que me acostumbré llamarlo de cariño como “Huishuirito”, estos perros no se sabe de qué raza son, es el resultado de distintos apareamientos de sus padres, que al final salen como perros chuscos, pero muy inteligentes.
Atila o Huishuirito, era el compañero ideal e inseparable en mis aventuras por el campo, en los caminos, en el hogar, en la soledad o cuando me dirigía a Marca; diría que el perro chusco es el mejor amigo del hombre, principalmente en el campo, es un animal de mucha utilidad en su servicio diario, nunca expresa protesta alguna aunque reciba malos tratos, siempre tiene una atenta y cariñosa mirada para con sus dueños, es muy inteligente, siente y percibe el olor a distancias considerables, persigue a los zorrillos, pumas, zorros, y a cuantos enemigos se te presentan hasta hacerlos correr, soportan el frio y el calor, no les afecta, son fuertes, bravos y valientes.
Los meses de agosto y setiembre de cada año son tiempos de cosecha de maíz y trigo en Cochacar, cada noche jugábamos en las “Eras” la Jara Pucklla juegos y baile costumbrista que se está perdiendo en la actualidad por falta de cultores, juegos de cosecha de maíz o trigo que antiguamente se juagaba en noches de luna llena, hasta el amanecer, una buena cantidad de participantes entre adultos, jóvenes, niños y niñas. A estos juegos en Cochacar, en tiempos de cosecha se sumaban Norma y Alina, señoritas muy agraciadas quienes estudiaban la secundaria en Lima, habían regresado a Marca a las que yo cuidaba con Atila con singular atención como si fueran mis hermanas mayores, ellas eran hijas del socio de mi padre que al partir sembrábamos en Cochacar.
Aquella noche aproximadamente a las doce de la noche, cuando todos jugábamos cantando y bailando, había mucha bulla alrededor de la Era con fogata incluida, cantábamos cada estrofa de la Jara Pucklla entre risas; cuando aparecían en la oscuridad de la noche, muy cerca de las Eras algunos mozalbetes, especialmente venidos desde la ciudad, alguno de ellos eran Arquímedes Cubillas, León Pastor Ulloa y Samuel Vírhuez, dada la hora y el lugar era muy raro por decir lo menos, la presencia de estos jóvenes por esos lugares, inquietaba a más de uno, a los que algunos del grupo le inquirían:
- Que hacían por esos lugares a esas horas de la noche? – le preguntaban
- Ellos contestaban al unísono - ¡Queremos confraternizar…!
A ello se debía el viaje desde Marca a esas horas de la noche, ¡Para confraternizar…! cosa que no era de mucho agrado para alguno de nosotros. Entonces le enviaba a mi Huishuirito, quien los correteaba a los jóvenes por lugares intrincados de Cochacar, quienes corrían sin dirección por las chacras aledañas en la oscuridad de la noche. Como los mozalbetes no conocían los caminos, corrían y corrían, al subir las pircas y escapar de Atila, se caían con las piedras de la pirca causando estruendosos ruidos en la oscuridad de la noche, causando gran hilaridad a los presentes, los jóvenes venidos desde Marca a esas horas de la noche, pagaban así la osadía de interrumpir nuestros juegos de la Jara Pukclla…
José Santos Gamarra Soto


No hay comentarios:

Publicar un comentario