domingo, 14 de mayo de 2023

 

EL AMOR DE MADRE ES ÚNICO

           A MI MADRE ELLPICHA

        FELIZ DIA DE LA MADRE

 

Escribe: José Santos Gamarra Soto

Esta remembranza va para aquellos que tienen el privilegio de tener viva a su madre a pesar de los años idos, es el recuerdo de un hijo que perdió a su madre a muy temprana edad, a la que recuerda con mucho cariño pero con una tristeza que va más allá de los sentimientos de un ser humano. Hace muchos años que partió a la eternidad mi madre Fidencia Elpidia Soto Padilla, mamá Ellpicha; han transcurrido más de medio siglo desde su partida, el amor de madre incomparable ante cualquier amor, es nostalgia y recuerdo para aquellos que hemos tenido la desdicha de perderlos prematuramente.

Corría el año de 1965 la tarde del sábado 10 de octubre de aquel año, cuando recibí la noticia más trágica de mi vida, la muerte de mi madre.

Cuatro de la tarde de aquel sábado del mes de octubre, me encontraba jugando fútbol en el estadio del barrio de Belén de Huaraz como así se llamaba en ése entonces. En Huaraz existían 4 barrios por esos tiempos: Barrio de Belén, de Nicrupampa, de San Francisco y la Soledad, el Centenario por esos años iba en crecimiento poblacional y de viviendas, mientras que Independencia no existía. Era costumbre que los sábados en la tarde jugara fútbol en dicho estadio, cuando aquella tarde llegó mi amigo Agustín, natural de Pampas Chico, jadeante y sudoroso-me había estado buscando todo Huaraz-con su bicicleta Monark verde que unos días antes le habían comprado sus padres.

Agustín me llamaba con desesperación desde la línea lateral del campo, apenas lo vi, salí del campo y me dirigí hacia él, al acercarme me dijo:

             - Mi tía Julia te necesita ¡Urgente! – “Tía Julia” era la pensionista en Huaraz que atendía a 18 estudiantes de diferentes provincias y distritos de Ancash.

             - ¿Para qué? – le inquirí con cierta molestia, el partido que jugaba estaba en su mejor momento.

             - Tienes que viajar urgente a tu pueblo – me replicó Agustín…. ¿?

Salí del campo no con mucho agrado, me subí a la bicicleta de Agustín y nos fuimos a la Av. Tarapacá N° 205 en el barrio de Nicrupampa, lugar donde vivía y quedaba la pensión; al llegar escuché a mi tía Julia decir:

              -  “Será con parto…”

Ella, se encontraba en la cocina acompañada de dos pensionistas más y su ayudante de cocina “Patu”, de nombre Patricia, natural del caserío de Esperanza, del Distrito de Anta, Provincia de Carhuaz. Al llegar pregunté a mi tía Julia, cuál era el motivo de mi búsqueda, quien me dijo:

               - “Joshe”-como me llamaba-tienes que viajar urgente a Marca.

               - ¿Para qué tía? – le dije, no estaba dentro de mis planes un viaje a Marca sino hasta diciembre después de culminar el año escolar.

                   - ¡Ha muerto tu Mamá! – Me dijo a boca de jarro.

No sabía si gritar, llorar o pedir alguna explicación a alguien, todos me miraron con infinita tristeza y compasión, yo corrí a mi cuarto para preparar mi maletín, en el cual no tenía mucho que llevar, una camisa un pantalón y una chompa, era una chompa de color rojo y amarillo con cierre delantero que el año anterior lo había comprado junto a mi madre en el mercado de Huaraz, el cual dudé en llevar, me pregunté: ¿No visten de negro en estos casos?, no importa, tenía que llevar aquella chompa, además no tenía otra. Las lágrimas comenzaron a deslizarse por mis mejillas, mi tía Julia entró a mi cuarto y me dijo que me embarcaría con el camión de correos de Huaraz hacia Lima que viaja en las noches y a diario a la Capital.

Cuando los relojes marcaban las 7 pm., subí al camión de correos con destino a Lima, yo me bajaría en Chucchu, kilómetro 72 de la carretera Pativilca-Huaraz, lugar donde yo tendría que pasar la voz al chofer del camión, cosa que así lo hice, siendo las 3 de la madrugada me bajé en Chucchu repartición hacia Marca, donde vivía el Sr. Allauca, a quien a esas horas de la madrugada llamé:

                     - Don Allauca…don Allaucaaaaa - grité con insistencia.

                     - ¿Quién interrumpe mis sueños a estas horas de la noche? - respondió

                     - Soy el hijo de doña Ellpicha….Es cierto que mi mamá a muerto en Marca? – Pregunté.

                     - Ahhh sí….ayer a muerto – me contestó, ahora si estaba seguro de su muerte.

                     - ¿Puedo quedarme sentado hasta que amanezca? – pregunté nuevamente.

                     - Claro…puedes quedarte hasta que amanezca – respondió, luego ni una palabra más.

Me senté delante de la choza donde había unos troncos de molle y eucaliptos, como en la actualidad, a esperar que amanezca, ya tenía como diez minutos sentado, la oscuridad era total, tenía miedo – contaba con 13 años de edad – tenía sentimientos encontrados, caminar o quedarme sentado allí hasta que amanezca por espacio de tres horas, carros hacia Marca no habría hasta dentro de tres días. Los camiones por la carretera Pativilca-Huaraz pasaban de subida y bajada cada cierto tiempo con mucha lentitud por ser carretera afirmada y no asfaltada como en la actualidad, iluminaba el lugar con sus faros de luces.

Entonces tomé la decisión de caminar, no importa la hora ni la oscuridad, mis ansias por ver a mi madre y la abundancia de Titiras que me chupaban la sangre, hizo que tomara la decisión de caminar a esas horas de la madrugada. Comencé a caminar por el centro de la carretera, estaba muy oscuro, se veía a solo dos metros de distancia; los corralillos y las víboras me habían dicho que en la oscuridad se podían ver, sin embargo era imposible ver nada.

                                -Ruego a los lectores su comprensión al no extenderme más en ésta parte de la historia, porque en el libro: “Historia de Ivo” se pormenoriza en su totalidad la muerte de mi madre, muy triste para mí; motivo por el cual no me extiendo más en ésta parte-.

Al llegar a Marca, a la casa de mis padres a las 7 am., me abalancé con desesperación ante el ataúd de mi madre que yacía en el cajón mortuorio, al centro de la casa de la calle amargura, no encontré más que el hielo de la muerte, la llamé con desesperación y suprema angustia, solo el silencio de la muerte me decía que ya no me respondería, ese dulcísimo corazón de bondad y sacrificio, enfermo de amor por su hijo ausente, había apagado sus latidos para siempre.

Había nacido para mí la soledad, que me rodearía en la infinita soledad de mi vida hacia el futuro, sin esa ternura romántica y amorosa que a través de la distancia fortalecía mi espíritu había partido, pensé sin mi madre la frágil nave de mi existencia zozobraría en la tempestad de la vida. Oh madre mía, oh soledad, oh soledad del corazón, oh amor infinito, a quien la muerte le ha arrancado brutalmente el tesoro más preciado de su vida, el amor y la existencia de una madre, ¿porque me has abandonado?, ¿tú que tanto me querías?, sin tu amor mi existencia será una interminable y cruel agonía, me dije. Ya no me escucharía mis lamentos, ya nada pudo llenar el vacío que dejó en su viaje al infinito; ya no pude tomar sus manos puras y blancas, ahora estaba lejos, definitivamente lejos, en ese más allá misterioso e inescrutable.

Al día siguiente, camino a Macracruz con el alma desfallecida, marché junto a ella en su último viaje, queriendo pedir explicación a Dios, a la vida, al campo, al camino, todo fue inútil, negruras en el espacio y sombras en mi interior, seguí mi peregrinación hasta el camposanto y en su última morada solitaria prendí una vela y vertí mis últimas lágrimas puras y ardientes que pudieron brotar de mis ojos, símbolo de mi dolor y mi recuerdo a mi madre querida.

Ahora madre mía al cumplir cincuenta y ocho años de tu partida, escucha mi fervorosa plegaria, hecha de amor y de dolor con la elocuencia de mi profunda tristeza por tu temprana partida, ahora estarás en el cielo junto a Papá Brindis y mi hermano Ciro, quienes te harán compañía como antaño en Cochacar cuando vivíamos juntos, los cuatro. Madrecita mía, madre buena, madre bondadosa, madre ejemplar, por todo lo que me quisiste y sufriste por mí, hoy te rindo homenaje en tu día con todo mi amor y cariño y solo te digo… ¡Hasta Pronto!


viernes, 12 de mayo de 2023

 



EL QUIPU DE MARCA

Escribe: José Santos Gamarra Soto

Los quipus de “contar” según los cronistas españoles y mestizos de la época, transcribían las traducciones de los Quipucayocs (intérpretes de quipus), estos aparatos registraban censos, autoridades, jerarquías, genealogía inca, canciones, rebaño de camélidos, y reserva de alimentos. Quien sabía todo esto era el Quipucamayoc quien era un funcionario del gobierno incaico, y sabía cómo codificar y decodificar dicho instrumento, ninguno de los colonizadores aprendió a usar el quipu, por ello no supieron cómo explicar su uso. Al menos no lo dejaron por escrito.

Los quipus fueron aquellos instrumentos empleados en la etapa pre inca e inca para el registro de asuntos históricos, económicos o de otra índole. Mediante el sistema de nudos amarrados en cordeles de diversos colores. Se puede decir que fue una forma de escritura mediante un código a base de nudos, pero de colores diferentes y en una distribución codificada de series de cordelillos con el objeto de almacenar información sobre asuntos del estado, comunidad o de naturales.

Existen dos clases de quipus, el quipu de “contar” y el quipu de “enterrar”, al quipu de enterrar le hemos denominado “El Quipu Funerario de Marca”, son cordones que se colocan a los muertos en la cintura para un buen viaje hacia la eternidad, antiguamente en la ciudad de Marca cuando un hombre o mujer fallecía, el quipu era de uso obligado para acompañar en la mortaja, se decía que con el quipu, el finado realiza su viaje en forma placentera hacia la gloria. Estos quipus, se confeccionan cuando se produce la muerte de algún comunero o ciudadano del lugar, sea varón o mujer y de cualquier edad, pueden ser niños, jóvenes, adultos o ancianos, es parte de nuestra identidad cultural. Los Quipus se confeccionan con hilos gruesos de dos o tres colores de lana de oveja, generalmente hilos negros, blancos y azules, el quipu es colocado en la cintura del fallecido y se les hace siete nudos, el difunto lleva puesto estos quipus en su viaje hacia la eternidad.

En Marca, hace muchos años cuando llegaba a la casa de mi abuelita Tomasa junto a mi madre, ella se encontraba muy enferma en su casa de Chopicalle, era una casa inmensa con zaguán, patios, cocina, panadería, y cuarto de visita donde estaba su cajón mortuorio que se había mandado confeccionar con el carpintero del pueblo con mucha antelación, ella inmediatamente le preguntaba a mi madre:

-          Ya terminaron de hacer mi hábito y mi quipu? – le inquiría a mi madre

-          Si, ya está  – le contestaba mi madre

Dicho hábito o mortaja consistía en una túnica de bayeta de color blanco, como de las monjas, más un gorro blanco que le cubría la cabeza, sandalias de cartón con tientos de hilos de lana, y los quipus que necesariamente tenía que portar en la cintura, dicho quipu debería tener siete nudos, recordando las siete virtudes cristianas: La humildad, caridad, castidad, gratitud, templanza, paciencia y diligencia, el quipu terminaba en una borla con flecos en cada una de las puntas.

Al morir un poblador, sus familiares del fallecido (a) tenían que proveer o armar la capilla del difunto, cuando aún no existían las capillas ardiente de ahora. Se cubría el techo con una tela blanca que servía como cielo raso, más una tela negra o pañolón en la parte de la cabecera del muerto donde iba un par de búhos o lechuzas mirándose frente a frente, al pie de la lechuzas existía dos huesos de brazos humanos entrecruzados a la que se le llama “macshu” con una calavera encima que daba mucho temor, el cual estaba con los ojos hundidos y grandes que se denominan “manca ñahui”, la nariz grande y desproporcionada que le daba un aspecto fantasmal, con la boca abierta y los dientes blancos, todos estos aditamentos de color blanco se cocía en tela negra. En la actualidad, pocas familias hacen uso de ésta costumbre ancestral que es parte de nuestras tradiciones que deben continuarse con su uso porque representa nuestra cultura indígena que proviene de la antropología cultural de nuestro pueblo.


El quipu debe ser amarrado en la cintura y acompaña al finado en su tránsito al otro mundo, esa era la creencia animista que perdura hasta la actualidad, Es una costumbre andina que data de varios siglos, se decía que también protegían de los embrujamientos y malos espíritus que pululan cuando el difunto hace su viaje sin retorno. Otros decían que el diablo ya no atraería el alma del finado si iba con su quipu puesto en la cintura y se dice también que los nudos del quipu actúan como defensores en su lucha sin cuartel que sostienen en su viaje y para superar las barreras del alma hasta llegar a su destino, es decir es su patente de seguridad en el viaje hacia el infinito. Es un arma que utiliza el muerto en su viaje, principalmente aquellos que fallecieron en forma accidental o en algún homicidio, tal era la afirmación que hacían las personas mayores, a lo que escuchábamos con mucha atención.

Además se dice que estos quipus han sido utilizados desde tiempos prehispánicos, seguramente desde tiempos pre-incas, eran utilizados en las ceremonias funerarias, muchos autores nos hablan de los quipus siendo esto una rica veta histórica que muy bien puede permanecer en nuestros usos y costumbres a través del tiempo, los nudos y la parte final del Quipu que termina en unos pompones con una borla y flecos son utilizados por los santos varones de Viernes Santo en Semana Santa como instrumento de castigo para aquel que no carga con fe y devoción o se rebela ante sus compañeros que conforman los doce apóstoles de Viernes Santo.

 



 


lunes, 8 de mayo de 2023

 

SENTENCIADO

Escribe: José Santos Gamarra Soto

El distrito de Marca (Recuay-Ancash), posee una serie de sitios arqueológicos desde la etapa pre-inca, aún antes de esa época-inclusive-dispersos en diferentes puntos de su jurisdicción; muchos de ellos ubicados en zonas altas, como: Plaza Punta, Parackmarca, Pircaymarca, Iglesiaqaqa, Jacamarca o en los diversos Apus que circundan la ciudad, uno de los lugares que más atención me llamó siempre no solo por su nombre, sino por el lugar enigmático y solitario donde familias enteras han vivido a través del tiempo principalmente en épocas de lluvia, pastando sus animales en temporada de invierno, ese lugar se denomina: Sentenciado.

 

Al crearse Marca Aventura – Trekking Perú, para las caminatas de senderismo de los marquinos, tuvimos oportunidad de pasar muchas veces por Sentenciado, lugar del que me habían hablado en más de una oportunidad del rol que desempeñó o cumplió antiguamente. Dicho lugar consta de una inmensa roca en cuya base existe una cueva grande donde en temporadas de lluvia familias enteras han vivido muchos años atrás, lo hacían los antiguos pobladores de Marca, teniendo en cuenta su ubicación en pleno camino hacia Aliso y Putaca, hacia el norte de Marca, a una distancia de tres a cuatro kilómetros aproximadamente.

 

En una de nuestras caminatas de Marca Aventura, partimos muy temprano con destino a Plaza Punta por el camino de herradura hacia la parte norte de Marca, pasando Recrihuanca avistamos Sentenciado, debe estar ubicado entre 3,200 a 3,500 m.s.n.m,, muy cerca del rio de Marca, entre dos pendientes muy pronunciadas, allí están los restos arqueológicos de la época pre-inca del lugar que les describimos, considerado una de las manifestaciones más saltantes de los hombres de la antigüedad como una forma de expresión, comunicación e información de hacer justicia en su realidad social, añadiendo a esto la constante relación del hombre antiguo con los animales y la naturaleza. Desde el lugar se divisa al frente en la parte más alta, al inmenso Ayllu de Pircaymarka, uno de los cuatro Apus que circundan Marca.

 

Una vez llegado al lugar de Sentenciado, se siente cierta tranquilidad como en todo vestigio de nuestros antepasados, y nos viene a la memoria, según nos contaron en versión oral nuestros mayores, que desde la parte más alta de aquel peñón colgaban a los que delinquían en aquellos tiempos, no solo a los lugareños sino también algunos forasteros, de allí proviene la denominación SENTENCIADO. Antiguamente por dicho lugar pasaban arrieros y caminantes hacia la costa, eran pobladores que venían desde el Callejón de Huaylas o el Callejón de Conchucos, por el camino del Qhapag Ñan, antiguo camino Inca. Sentenciaban y ejecutaban con esa pena a los que habían participado en algún robo o actos reñidos con la moral y las buenas costumbres, actos prohibidos para la época y los colgaban desde la parte más alta de aquella inmensa roca a los Sentenciados con la pena de muerte, con la pena de la Horca, hasta morir.

 

En busca de más vestigios nos dirigimos hacia el frente para ello hay que cruzar el río por el puente que está ubicado más al norte, y llegar a Yuracqaqa. Antiguamente entre las estribaciones de los cerros, el río y Sentenciado vivían los ganaderos, agricultores desde la etapa pre-inca e inca con el sembrío y haciendo quesos y demás, los que promovían la actividad económica del pueblo.

Continuando con nuestra caminata subimos hacia Inca Maché, que es otro lugar de mucha historia para el distrito de Marca, que les contaremos en nuestra próxima entrega…



lunes, 30 de mayo de 2022

 

  La Hecatombe...Terremoto del 31 de mayo 1970

           TESTIMONIO DE UN HECHO DOLOROSO

 

Por: José Santos Gamarra Soto



A solicitud del Director del Colegio de Marca, provincia de Recuay, departamento de Ancash retorné el domingo 24 de mayo 1970 a estudiar el quinto año de educación secundaria en el Colegio San Lorenzo de Marca, el director en sentidas cartas nos instaba a regresar a todos los alumnos del quinto de media para el retorno a nuestro terruño a culminar nuestra secundaria por falta de alumnos; el jueves 28 de la misma semana se celebraba la fiesta de Corpus Christi donde se desarrolla el baile costumbrista de “Los Huancos” de Marca, siendo el domingo 31 de mayo la Octava de dicha fiesta, con existencia de mayordomos, caporales y alguaciles. Un año antes bailé como “Chisga” (hombre vestido de mujer), con la vestimenta de mi tía Alicia, gustando mucho a los espectadores. En esta oportunidad mis amigas y compañeras del colegio Eutropia, Lilia, Betty y Nora me prepararían la vestimenta, alentado por mis amigas acepté bailar el jueves día de Corpus Christi y el domingo 31 en la Octava de dicha festividad costumbrista, ellas estaban muy entusiasmadas al saber de mi regreso a estudiar el último año y terminar mis estudios en Marca.

 

Inmediatamente después de mi llegada a Marca, mis amigas se pusieron de acuerdo para bailar como Chisga el jueves y domingo de dicha semana, Eutropia me recordaba que un año antes lo había hecho muy bien, por ello me manifestó:

 

-          Tienes que bailar de chisga...por la ropa no te preocupes porque nosotras te conseguiremos - me decía

-          Faltan escasos tres días para ello... ¡Imposible! - le dije

-          No te preocupes hemos quedado con las chicas que te vamos a mandar hacer la ropa a tu medida - me siguió diciendo

-          ¿Mandar hacer ropa de mujer para mí? – le pregunté medio angustiado.

-          Si, - me dijo - y no te preocupes por los gastos, después que bailen lo mandamos achicar para usarlos nosotras - me manifestó.

-          Bueno...que sea así entonces - le contesté.

 

Se habían puesto de acuerdo entre las amigas nombradas más Gliceria, Genoveva y Herminia quienes también eran alumnas del Colegio San Lorenzo, mandar hacer nuestra vestimenta en la costurera del pueblo, una para el día jueves y otra completamente distinta para el día domingo, toda la vestimenta era nueva para no ser reconocido por la población marquina en el momento del baile que era el fin supremo de toda la parafernalia. Hay que precisar, que el baile de Los Huancos tiene como característica que el danzante-Negro o Chisga-no deben ser reconocidos. En ambos casos los danzantes bailan con la cara cubierta bien sea por máscaras ò pañoletas, sean Negros o Chisgas.


El día jueves bailamos hasta altas horas de la noche, en casa del mayordomo y principales calles de la ciudad, en número de treinta danzantes al son del pincullo y la caja. Qué maravilla, no había cansancio para los jóvenes, el “Cortahuarango” era repetido una y otra vez, los garrotazos se sucedían uno tras otro y así concluyó la tarde de jueves de Corpus Christi, en casa del mayordomo en horas de la noche. Se esperaba el domingo de Octava una mayor concurrencia porque era domingo, faltaba muy pocos días para ello, escasos tres días nos dijimos y nos citamos los amigos para aquel día, retirándonos cansados del baile agotador.

 

En la ciudad de Marca, cada año como en todo pueblo del ande existe su fiesta patronal, en Marca es el 10 de agosto, además existen otras festividades en el calendario marquino y una de ellas es el baile de Los Huancos de Marca, donde existen algunas chaperonas comúnmente llamadas “Llúchash” quienes acompañan a los danzantes en las festividades, son las que se preocupan que no les falte nada a los danzantes. Nuestras Llúcash para aquella festividad se habían preparado como nunca para la Octava del Corpus Christi del domingo 31 de mayo de 1970, éramos seis los danzantes que haríamos tres parejas aquel día, tendríamos que salir de la casa de Gliceria ubicado en la calle Víbora, ataviado con nuestras indumentarias para la ocasión, esta vez vestido de Chisgas y Negros y bailar junto a los demás danzantes que en gran número ya bailaban en la octava de ese día, las Chisgas seríamos “Tobín”, “Melgarejo” y “Dolton”, mientras que nuestras parejas vestido de Negros eran “Wilson”, “Eña” y “Chía”, las Chisgas éramos mucho más altos que los Negros, las Llúcash tenían que estar muy acomedidas a nuestros menores requerimientos, cuidar que no se nos desprenda algún aditamento de la vestimenta, habían sido encomendadas para ser nuestras chaperonas, cada una de ellas portaba una canasta donde había desde un pequeño alfiler hasta una pollera por si le pasaba algo a algún danzante.

 

Aquel día, estrenábamos ropa nueva de mujer, la que me tocó era una monilla de color azul brillante, se diría azulino, la lliclla de color rojo escarlata con cinta labrada de color negro, la saya de color negro con abertura en la parte delantera, unido por un cintillo del mismo color de la monilla, que hacía ver el blanco justan con grecas anchas y bordadas, luego las tres polleras de diferentes colores y bordados, en la cintura poseía dos pañoletas de seda fina amarrados en la parte delantera, tenía una cabellera postiza de mujer en dos trenzas que me llegaba hasta la altura de la cintura, el sombrero de paja con flores artificiales de diferentes colores, el collar de diferentes tamaños y colores, de perlas chicas y grandes, guantes blancos, zapatillas y medias blancas para dar mayor agilidad en el baile, la cara lo teníamos cubierto con dos pañuelos de colores uno transparente y el otro más denso en la trama y la urdimbre para no ser reconocidos ni por el mas acucioso de los espectadores.


Al promediar las tres de la tarde salimos a la calle los seis danzantes, sería muy difícil que alguien nos reconozca porque la vestimenta era nueva; hay que precisar que la vestimenta de la mujer marquina es muy apreciada a nivel nacional è internacional, por su peculiaridad, el colorido y los componentes de la vestimenta que es usado por las mujeres con mucho donaire y exquisitez. La casa de Gliceria quedaba en la que antiguamente se llamaba calle Víbora, donde nos habíamos preparado y “cambiado”, salimos cada uno con nuestros Negros, precisamos para nuestros lectores que no conocen este baile, que es una danza aparte de ser guerrera es jocosa y satírica teniendo como participantes a los Negros y Chisgas(hombres vestidos de mujer). Las Chisgas abrazábamos al Negro por el hombro, como una madre abraza a su hijo, el Negro abrazaba por la cintura, no había otra forma, los Negros eran más pequeños en estatura que las Chisgas. Nos dirigimos por la calle Grau hacia el norte, el grupo de danzantes de la fiesta de Corpus Christi de aquel año se encontraba bailando delante de la casa del mayordomo don Félix Támara ex alcalde de Marca, el baile se hacía al centro de la calle, muy cerca al barrio San Cristóbal, entramos a la ronda de los danzantes y:

 

-          ¡Puño arriba...! ¡Puño arriba...! - gritaba el caporal al centro del ruedo

 

El reloj marcaba las 3.23 p.m., el Pincullero, don Roberto Padilla Gómez a quien cariñosamente llamábamos “Llupico”, entró en su momento más exultante, tomó más aire para despedir con más fuerza el pincullo y el tono del “Cortahuarango”, se encorvaba hacia adelante y hacia atrás, la caja retumbaba en medio de la calle, los danzantes, haciendo la ronda con el puño en alto, había mucha bulla, el público gozaba con el baile de los danzantes, los danzantes nos dábamos arengas alzando el puño antes del garrote, ¡Puño arriba...! ¡Puño arriba...! un Negro contra una Chisga era lo convenido por el Caporal y el Alguacil, quienes imponían el orden y la disciplina, ambos al medio. El tambor sonaba con más fuerza, era con fiereza por el ritmo guerrero que le imponía, todos los Negros y Chisgas que en número de cuarenta ya bailábamos con el puño en alto como antesala del Cortahuarango, cuando en esos momentos sentí que me jalaban con fuerza, era una de nuestras “Llúcash”, Genoveva, diciéndome:

 

-          ¡Corre José...corre! – me decía

-          ¡Temblor¡ - dijo alguien.

 

Corrimos hacia el sur, hacia el norte, tal vez hacia el este. ¡Fueron los 45 segundos más dramáticos, de desesperación y de terror en mi vida!...era el domingo 31 de Mayo de 1970.

 

Aún con los ojos cubiertos por la pañoleta que cubría mi rostro, escuché que las enormes piedras que había al lado Oeste de la calle Grau de pertenencias de don Glicerio Silva padre de mis amigos Porfirio, Manuel y Amancio se vino abajo con un ruido ensordecedor al que esquivamos a duras penas corriendo hacia el otro lado, el suelo temblaba con fiereza, había pánico entre la muchedumbre, gritos y llantos por doquier, cuando la pared de la casa que en realidad era una “Racka” por estar semiderruida por el paso del tiempo, la casa de don Antonio Silva a quien llamaban “Shancurero” el que se desplomó, corrimos hacia el lado contrario para subir encima de las piedras que segundos antes se habían desplomado, fueron los segundos más aterradores de mi vida.

 

La danza de Los Huancos es una de la más antigua caracterización festiva del distrito de Marca, aquel 31 de mayo era la Octava de la fiesta de Corpus Christi que en fecha movible se realiza todos los años. La tierra no paraba de temblar, ya nos habíamos sacado las pañoletas que cubrían nuestros rostros por la inmensa polvareda existente, ya no importaba si caminabas por la calle vestido de mujer, el momento era de miedo, de terror y desolación; el ambiente comenzó a nublarse, el polvo negruzco venía de sur a norte por la calle, como la peste, comenzó a cubrir el espacio, teníamos mucha dificultad para respirar, comenzamos a caminar en la oscuridad hacia la plaza de armas por la calle Grau. En la esquina de Alfonso Ugarte con Grau encontramos a don Víctor Quinto, tenía medio cuerpo aprisionado por los adobes contra la pared de don Celestino Virhuez. La pared de don Nilo Ortiz Virhuez se había desplomado con tan mala suerte que sepultó medio cuerpo de Víctor Quinto quien fallecería horas más tarde en su casa, en Jacacuchu.

 

Fueron cuarenta y cinco segundos de angustia y terror, había sucedido uno de los mayores terremotos en la historia del Perú con 7.9 grados en la escala de Richter, cuyo epicentro se había producido en las costas de Casma y Chimbote, en el océano pacífico, afectando casi todo el departamento de Ancash, parte de Lima, Huánuco, La Libertad y otros departamentos. Por fin llegamos a la plaza de armas sorteando adobes, tejas, palos y piedras, toda la población se apostó en dicho lugar, o la mayoría, era el lugar más apropiado nos dijeron, por la cantidad de polvo de color marrón oscuro se veía solo a dos o tres metros de distancia, no se podía respirar, el caos era general, niños y mujeres lloraban pidiendo clemencia, que Dios aplaque su ira, que ya era demasiado el castigo, pensamos que era el fin del mundo, nos encontrábamos en la plaza de armas agarrados de la mano entre todos, cuando se repetían los temblores, la tierra seguía temblando causando más pánico entre la población, el movimiento telúrico con fiereza había cobrado otra víctima a la altura de Aliso, era una niña de 10 años de edad llamada Mirella Quispe Carrión venía a la ciudad a presenciar el baile de Los Huancos junto a su madre Eplla Carrión, el desprendimiento de una piedra que los marquinos llamamos “Galgada” impactó en la cabeza de la niña matándola instantáneamente en el camino hacia la ciudad.

 

Ese día toda la población durmió en la Plaza de Armas, Plazuela y Patios, se repitieron cientos de temblores en la noche causando gran pánico, en los siguientes días mediante la radio nos enteraríamos que el terremoto en grado 7.9 de Richter epicentro registrado en el Océano Pacífico frente a las costas de Chimbote y Casma había cobrado la vida de más de 80,000 personas y 20,000 personas desaparecidas, era la ¡Hecatombre!, uno de ellos, mi primo Félix Cueva Soto en Huaraz, cuyos restos nunca fueron encontrados a pesar de los esfuerzos por ubicar de su madre doña Felicia Soto Padilla, su esposa doña Ricardina Sarria y la Cruz Roja Internacional.

 

Fue sepultada la provincia de Yungay por el alud que ocasionó el desprendimiento de una parte del Huascarán, reportaron la existencia de unos 150 mil heridos y miles de damnificados solo en el departamento de Ancash lugar de una de las hecatombes de mayor trascendencia en la historia de la humanidad. En Chaucayán un grupo de marquinos y profesores del colegio se salvaron, porque minutos antes de la hora fatídica, el chofer del camión San Lorenzo don Pedro Espinoza Soto, había parado porque se sentía indispuesto por lo que paró en dicho anexo.

 

El mismo día del terremoto a las 12 del medio día se había inaugurado el mundial de fútbol México-70, empatando a cero goles las selecciones de México y Rusia en el partido inaugural. En Yungay siguió al terremoto un aluvión que sembró la muerte de 25,000 personas, solo se salvaron quinientas personas que pudieron llegar a la parte alta donde se encuentra el cementerio y cuatrocientas personas que se encontraban en el estadio municipal entre jugadores y espectadores según informaciones, el alud borró la provincia de Yungay, donde nunca más se construirían casas sino convertirla en un camposanto y buscar su reubicación, donde actualmente se yergue la siempre bella “Yungay hermosura”.

 

Cincuenta y dos años después recordamos este hecho doloroso y dramático que enlutó a miles personas en el departamento cobrando dos víctimas en Marca la mayoría de la población se encontraba en el baile de los Huancos por ello las pocas bajas humanas, pero sí numerosos heridos y daños materiales que hasta el día de hoy persisten y perduran al no haber podido rehabilitar los daños causados aquella fatídica tarde donde pasamos del alegre festejo de la fiesta del Corpus Christi al llanto y desolación más terrible de nuestra historia. ¡Qué tragedia! Fue una ¡Hecatombe!

 

En las siguientes horas de la tarde se sucedían temblores cada dos o tres minutos, causando gran pánico a la población, ya nos encontrábamos en la plaza de armas, y pasar la noche como así se hizo, el alcalde que en ese entonces era don Celestino Virhuez, él y las demás autoridades poco podían hacer, incomunicados, por aquellas épocas las noticias se podían transmitir solamente a través de correos y telégrafos y escuchar la radio de alguna emisora de la capital, que no funcionaban; toda forma de comunicación había colapsado, la carretera con derrumbes por todas partes, los caminos de herradura totalmente destruidos, por aire, ni hablar, los siguientes días solo se escuchaba el paso de un avión a diez mil pies de altura.

 

Sencillamente pensé que era el fin del mundo, en la noche los pobladores sacaron sus mantas y frazadas de algunas casas que quedaban en pie, y dormir en la plaza de armas, plazuelas y patio de sus casas, se trataba de escuchar las radios de la capital y no había señal. Al dormir en la intemperie aquella noche escuchaba ruidos ensordecedores debajo de la tierra, parecía que se deslizaba la tierra de un lugar a otro, había ruidos que daban mucho temor, crujían inmensas rocas, tal vez se posicionaban o volvían a su lugar, pensaba que en cualquier momento la tierra se abriría y sencillamente nos engullía, el ruido era sencillamente aterrador.

 

El martes dos de junio, la selección peruana debutaba frente a Bulgaria por el mundial de fútbol Mèxico-70. En el Perú se había creado gran expectativa por este partido ya que se regresaba a un mundial después de 40 años, desde el año de 1930 esta vez por mérito propio, porque a aquel primer mundial de futbol el Perú fue invitado. Días antes del primer partido de nuestra selección con los amigos teníamos gran expectativa para escuchar por radio el partido. En la plaza de armas alguien pudo conseguir una radio donde ya se escuchaba los mensajes que mandaban algunos provincianos hacia Lima y viceversa, se pasaban horas y horas informando, mandaban saludos desde Huaraz hacia Lima donde se encontraban sus familiares, que no les había pasado nada, sino un gran susto nada más, las radios se pasaban horas y horas informando con nombres propios.

 

Las emisoras radiales comunicaban donde se había producido el epicentro, a la altura de Chimbote a 60 kilómetros mar adentro, informaban de los pueblos más afectados, las provincias ò distritos más destruidos o desaparecidos por efectos del terremoto. Se decía que había miles de muertos, que el departamento de Ancash había sido la más afectada, ya se había localizado el epicentro. Hay que precisar que por aquellos años la comunicación así como las oficinas del Senamhi, los sismólogos aún no tenían los equipos sofisticados que ahora poseen, por lo tanto les era más difícil detectar los daños, menos predecir los acontecimientos telúricos.

 

Dos días después, la tarde del martes 02 de junio la selección peruana nos daría una alegría inmensa en el mundial de futbol de México-70 en su debut frente a Bulgaria a todos los sufridos peruanos que nos encontrábamos en desgracia por lo ocurrido. Después de ir perdiendo por dos goles a cero, remontaron el marcador para finalmente ganar por tres goles a dos, con goles de Alberto Gallardo, Héctor Chumpitaz y Teófilo Cubillas, que alegría para los aficionados al deporte del fútbol. Todo el Perú se resarcía en parte del dolor y la tristeza por la desgracia ocurrida dos días antes, para celebrar el gran triunfo peruano; gran acontecimiento que nunca más se borraría de mi mente.

lunes, 18 de abril de 2022

 

LOS MALLOS DE RIGLOS

Escribe: José Santos Gamarra Soto

En nuestra búsqueda de Castillos Templarios después de nuestra visita al Castillo de Loarre antiguo fortín del Templarismo contra el asedio de los musulmanes, nos dirigimos a la zona de los Prepirineos por la Hoyada de Huesca al norte de España, grande fue nuestra sorpresa al encontrarnos en el Monumento Natural de los MALLOS DE RIGLOS, que consiste en unas formaciones geológicas integrado por peñas de paredes verticales llamadas Mallos.

Estos Mallos alcanzan los 300 metros de altura máxima y se caracterizan por sus grandes paredes verticales o incluso desplomadas, muy apreciadas para la práctica de la escalada en rocas y otros deportes de aventura. Homero Aquino familiar nuestro, fue nuestro anfitrión por estos bellos lugares del norte de Aragón, donde se puede apreciar que algunos lugares permanecen inalterables al paso del tiempo, desde el medioevo y otros con mayor antigüedad como los Mallos de Riglos.



domingo, 6 de marzo de 2022


LOS COCACHOS Y PALMETAS DE MI ESCUELA -  

LOS “CUCHI WACHATZECKS”…

 

Por: José Santos Gamarra Soto

 


En el traspatio o parte posterior de la Escuela Primaria de Varones N° 1339 de Marca por los años 50 del siglo pasado existían varios frondosos árboles de membrillo a orillas de los huertos escolares donde se sembraban flores, cebollas, rocotos, culantros, yerba buena y chincho; las flores del membrillo eran una belleza observarlos en épocas de lluvia, y en tiempos de verano los tallos se veían secos y robustos, el tallo tierno y seco de éstos membrillos era usado por los profesores como material de enseñanza en la pizarra que los alumnos llamábamos “puntero”, a su vez en algunas oportunidades se convertía en un instrumento de castigo, dada su característica. Al profesor Lucio Cubillas Tolentino, le gustaba revisar el puntero, le daba doblez una y otra vez al tallo seco, delante de algunos alumnos, como recordándoles que servía para castigarles a aquellos alumnos que llegaban tarde, los que no iban a clases o los que se portaban mal dentro de ella.

 

En las primeras horas de la mañana antes del ingreso a la escuela, a partir de las siete y media se tocaba la corneta, un alumno conocedor de estos menesteres tocaba desde la explanada del segundo puente de Marca al que le pusieron de nombre puente Chinchay, en otras oportunidades tocaba la corneta subido a una piedra, a orillas del río, cuyas notas se escuchaba en todo el pueblo, su eco llegaba hasta dos o tres kilómetros de distancia, en la cima de Chiuis era escuchada nítidamente, después de quince minutos, tocaban la campana, como último aviso del ingreso a la escuela, luego cerraban el inmenso portón con aldabas en alto relieve que tenía el portón desvencijado de color verde oscuro, aquellos alumnos que no llegaron a la hora señalada, tenían que formar una larga fila de tardones e ingresar con la mano bien extendida para recibir, ya sea un correazo o un fuetazo con el  puntero de membrillo que dolía más que la correa, ambos ocasionaban un dolor muy intenso y si la tardanza se repetía tanto en la mañana como en la tarde, recibía entre cinco a diez fuetazos según sea el caso.


Ya en clases o los recreos, niño que se portaba mal era “saludado” con un fuerte porrazo o cocacho del profesor Lucio Cubillas Tolentino, que tenía especial cuidado en castigar con los nudillos de su mano derecha, parecía una porra o un mazo, cuyo dolor tenía efecto retardado. En oportunidades usaban unas maderas como palmeta para el alumno que no guardaba la compostura dentro del plantel o eran desaplicados.

 

Por aquellos tiempos nadie quería ser analfabeto y todos los niños en edad escolar así sean mayores era matriculado por sus padres sea varón o niña y si dejaban de asistir a la escuela los moteaban llamándolos:

 

      ¡Faltón!, ¡Maltón!  ¡Cuchiwachatseck!, ¡Check!, ¡Check!...

        (Cuchiwachatseck significa “Padrillo de las chanchas”).

 

Por aquellas épocas algunos alumnos a falta de medios económicos o por la desidia de sus padres no continuaban sus estudios en la escuela, argumentaban “a mi hijo no le gusta el estudio”, motivo por el cual el profesor Félix Montenegro Ríos los  hacía llamar a los padres de los niños para ofrecerles la oportunidad, así sean mayores de edad.  Recuerdo cuando tenía nueve años de edad cursaba el segundo año de primaria, algunos de mis compañeros ya eran mayores, contaban con  veinte o veintiun años de edad como Mariscot Padilla a quien llamábamos  “Mallico”, Antonio Garro “Kokotillón”, Calixto Fabián “Calicho”, Juan Silva “Pokushqa” y Saturnino Carrión  “Shatucuru”, quienes eran jóvenes muy altos al lado mío, alguno de ellos ya usaba bigotes, la sola presencia de ellos en particular, me daba un poco de temor, puesto que tenía que ordenarles que se porten bien en el salón de clases, mientras mi profesor salía.

 

El profesor Montenegro tenía especial atención que sus alumnos estudien y concurran a la escuela todos los días, habían algunos alumnos desaplicados y faltones a quienes se les llamaba “Cuchi Wachatzecks”, eran los que no querían ir a estudiar a la escuela, alguno de ellos eran mis compañeros de salón como Simeón Méndez “Zímita”, Elmer Gamarra, Próspero Gamarra “Llody”, Porfirio Silva el popular “Wiushu” y Jaime Aquino el “Michi” ya fallecidos éstos dos últimos en la actualidad, eran alguno de ellos, les gustaba estar en el campo y si iban a la ciudad porque sus padres le enviaban a la escuela se hacían “La vaca” en la ciudad, deambulaban comiendo sus alfeñiques y panes. A quienes por encargo de mi profesor y acompañado de dos alumnos fornidos, Kokotillón y Shatucuru hacíamos una “redada” por el perímetro de la ciudad, al vernos que nos acercábamos hacia ellos, emprendían veloz carrera por las calles de la ciudad, teníamos que corretearlos, “capturarlos” y llevarlos a la escuela, para que asistan a sus clases previa reprimenda del profesor.  

Fuente: Historia de Ivo Autor: José Santos Gamarra Soto


jueves, 3 de marzo de 2022

 *****HECHOS HISTÓRICOS DE MI TIERRA*****

JOAQUIN GAMARRA, “EL ENCANTADO” DE IGLESIAQAQA…

 

Por: José Santos Gamarra Soto


En la Escuela Primaria de Varones N° 1339 de Marca por el año de 1958 los profesores y alumnos de los últimos años programaron una visita en excursión a Iglesiaqaqa, sitio arqueológico que guarda los secretos enigmáticos de los primeros habitantes de nuestro pueblo y ser parte de nuestra historia, lugar muy visitado por todo marquino hasta la actualidad. Sitio arqueológico ubicado a una distancia considerable de la ciudad que es considerado como uno de los mejores lugares donde se conserva los vestigios de nuestros antepasados y que hasta hoy perduran a pesar del paso de los años,  estos paseos siempre se hacían a los sitios arqueológicos considerados turísticos del distrito, este lugar se llama así porque la inmensa roca tiene la forma de una Iglesia, situada al pie de Wawayoc Jirka, otro de los centros arqueológicos que circundan a la ciudad de Marca, más al noreste hacia abajo está Hueylla y Cuchimaché y hacia el sureste Píhuich y Canchahuás, de fecundas tierras de cultivo.

 

Joaquín Gamarra era hijo de Gaudencio Gamarra y Lola vivían en Acatana, por los lugares de Washahuacta, él tenía dos hermanas, una, la mayor llamada Lupe y la otra hermana se llamaba Magda; desde Washahuacta iban al colegio todos los días a estudiar la primaria. El día de la excursión Joaquín, demostrando sus aptitudes de buen atleta y escalador de montañas, trepó el edificio rocoso de cuatro a cinco pisos, con montículos de rocas, árboles silvestres, tierra y mucha espina. La hazaña fue rápida y fácil para él, todos quedaron asombrados al ver como Joaquín con singular destreza había subido la inmensa roca en forma de una iglesia.

 

El problema fue cuando no pudo bajar del mismo alguno de sus compañeros decían que no quería bajar, algunos otros decían que al llegar a la cúspide de la roca había caminado hacia el fondo por un hermoso camino y  recibido por los gentiles quienes le ofrecieron descanso y comida por su esfuerzo, luego del cual se quedó dormido sentado en una roca y posteriormente “encantado”, por ello no contestaba ni se asomaba al requerimiento de sus compañeros quienes lo llamaban asustados para que baje de aquel lugar, pasaron los minutos y las horas y no se veía a Joaquín bajar de la inmensa roca llena de espinas, nadie se atrevía a subir a Iglesiaqaqa por lo dificultoso en subir a la roca, además por lo enigmático que se veía a simple vista y era temido por más de un poblador siempre se tejían cuentos y leyendas de hombres y mujeres sobrenaturales que “encantaban” a sus víctimas en caso se atrevían a profanar sus instalaciones; en vista que no salía ante el llamado de los alumnos y profesores que ya estaban desesperados, empezaron a tejerse ideas sobrenaturales como que el duende lo había tocado, que los gentiles lo habían atrapado; cansados y angustiados después de varias horas, algunos de ellos  regresaron a la ciudad a dar cuenta del hecho.


Enterados los pobladores se reunieron en la Plaza de Armas, miraban hacia el lugar de los hechos con la esperanza de escuchar alguna notica de los emisarios sobre el alumno, ya que el lugar dista entre tres a cuatro kilómetros de la ciudad. Las personas mayores decían que el alumno estaba atrapado en Iglesiaqaqa porque había sido conducido por la pushanlla, otros afirmaban que había sido “encantado” por algún genio maléfico. Hubo vigilia en la ciudad por la salud del joven, que por aquel entonces contaría con catorce o quince años de edad, también comentaban que los apus eran los que lo habían “capturado”, se decía también que éstos apus en las noches oscuras conversaban, principalmente Limac Jirka con Warmi Jirka, disputándose al joven y que ya fue encantado por uno de los apus.

 

Se conjeturaron muchas cosas así como miles de ideas en la tarde y ya casi al anochecer casi toda la población marchó a Iglesiaqaqa junto a los dos policías que había por esos tiempos en la Comandancia del Puesto de la Guardia Civil de Marca, al rescate de Joaquín, los hombres formaron una columna de rescate con sogas en mano, escalaron la roca y en el fondo de una las cuevas hallaron a Joaquín, tranquilo, sentado sobre una roca, como si no hubiera pasado nada, causando gran alegría a los pobladores. Un tiempo después Joaquín ante tanta insistencia que le había pasado en Iglesiaqaqa, comentó ante sus más cercanos que había estado en una ciudad lleno de cristales, lunas y espejos, revestidos de oro y plata, en el que había estalactitas y estalagmitas, atendido por mucha gente amable, cuyos recuerdos siempre le venía a la mente con bastante asiduidad.

 

Al retornar al pueblo después de su rescate de Iglesiaqaqa, los pobladores manifestaban que ya no sería el mismo joven y alegre atleta. Al verlo llegar a la ciudad se centraron todas las miradas inquisidoras y los comentarios menudeaban por todas partes y en los días siguientes Joaquín había perdido su alegría, pues se había vuelto introvertido y un tipo taciturno, meses después desapareció de Marca.

Fuente: Historia de Ivo, Autor: José Santos Gamarra Soto

Fotografías: Alcides Soto Gamarra